Valeska Hesse, directora del departamento de América Latina y el Caribe de la fundación Friedrich Ebert (FES), cercana al partido socialdemócrata alemán, ve un paralelo entre el caso de Ecuador y de Chile.

Recuerda que el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, al igual que su homólogo argentino, Mauricio Macri, efectuaron recortes tras verse forzados a negociar créditos con el FMI. «El Fondo Monetario Internacional sigue teniendo las mismas recetas desde hace 50 años o más, es decir, una política de austeridad en el gasto público, y liberalización de los sectores económicos”, indica.

Y hace notar que, aunque en Chile no subyace un problema de endeudamiento, el sistema es igual. «Chile es el país más neoliberal del mundo. Y también es el con mayor privatización de todos los sectores de la vida pública: las pensiones, la salud, la educación, todo está privatizado”, apunta.

Explica con un ejemplo el descontento que se ha volcado en las recientes manifestaciones: «La clase media en Chile gana en promedio más o menos 700 euros, y tiene gastos comparables a los de los habitantes de una ciudad de Alemania, como Berlín por ejemplo”.

Índices de inequidad. El país ha tenido buenos resultados económicos. Así lo avalan informes como uno de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), según el cual la pobreza cayó en Chile tres puntos porcentuales entre 2016 y 2017. El mismo organismo consigna, sin embargo, que un uno por ciento de la población concentra el 26,5% de la riqueza.

Solo dos de los 10 países más desiguales del mundo no son latinoamericanos: Sudáfrica y Ruanda. Chile figura en el séptimo lugar en la lista.

Y el de Chile no es el único caso. «América Latina es el continente más desigual del mundo. No es el más pobre, pero si el con mayor desigualdad” afirma la especialista de la FES. Así lo revela también el índice Gini del Banco Mundial, que mide la inequidad a nivel internacional.

Solo dos de los 10 países más desiguales del mundo no son latinoamericanos: Sudáfrica y Ruanda. Chile figura en el séptimo lugar en la lista.

Michael Álvarez, portavoz de la Fundación Heinrich Böll, cercana a Los Verdes, piensa que tras los avances en materia social en la primera década de este siglo, desde hace algunos años, se está dando marcha atrás en varios países de América Latina, con argumentos de austeridad.

A su juicio, en el fondo se trata del modo en que se aborda estructuralmente el problema de los ingresos del Estado. «En Ecuador, en Argentina, en muchos países de la región, hay un déficit que aumenta y el Estado no lo enfrenta por el lado de una reforma sistémica de los ingresos fiscales, con una reforma tributaria”.

Valeska Hesse hace notar a su vez que «en la época de los gobiernos progresistas hubo muchos programas de redistribución (que funcionaron y aliviaron la pobreza, pero no se logró combatir los problemas estructurales”.

Efecto dominó. ¿Se está produciendo un efecto de «contagio” en la región? La directora del departamento de América Latina y el Caribe de la FES no está convencida: «Si fuera por contagio, hubiera imaginado que la gente saldría a las calles también en Argentina. Quizás no sale porque hay elecciones el domingo y por eso está más contenida”.

«Yo no sé si los movimientos sociales se produjeron en efecto dominó. Cada país tiene sus diferencias y sus brechas económicas. El único elemento en común en los países de América Latina es que siempre hay grupos organizados, de izquierda radicalizada que busca desestabilizar la democracia, que no logra el poder y quiere imponerse usando en la fuerza”, dice por su parte Bettina Horst, subdirectora de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Desarrollo, un centro de investigación chileno de tendencia conservadora.

En su opinión, lo ocurrido en Chile «es una manifestación generalizada, sin un listado de petitorio específico, sin una cara visible; lo único que quieren es desestabilizar la democracia».

Michael Álvarez no lo ve así. Condena en forma tajante los brotes de violencia registrados en Chile, pero hace notar que ha habido muchas manifestaciones pacíficas reivindicando derechos. También en otras partes de la región.

«Comparándola con el siglo pasado, la ciudadanía en América Latina ya no está dispuesta a aguantar este tipo de desigualdades.  Y eso es algo que yo creo que tiene que ver con un proceso de maduración ciudadana también en los últimos 20 años”, afirma.

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